jueves, 19 de enero de 2012

La experiencia nos habla.




Hay un caso claro, muy cercano a mí, de rechazo hacia la verdad.


Todos nos quejamos de que, "¡oh!, nunca me dices las cosas a la cara", pero, en cuanto la verdad sale a la luz, y cuando digo la verdad, me refiero a TODA la verdad, nos echamos para atrás. Nos enfadamos, e incluso dejamos de hablar a la persona que ha hecho el esfuerzo de abrirnos los ojos.

Es cierto: todos deseamos saber la verdad. Pero saberla TODA no beneficia a nadie. No pidas que te abran los ojos, ya que la cagarás. Está comprobado que vivir en la mentira, parcial, nunca total, es lo mejor.

Despreocuparse de lo banal, y sonreír ante lo verdaderamente difícil. No sé si ese será el secreto de la felicidad, pero, parece ser que, no es una mala idea.


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