La chica se acercó con sigilo a él, colocándose a sus espaldas. Se puso de puntillas, procurando no denotar su presencia, y, con un pequeño impulso, tapó los ojos del moreno con sus manos.
-¿¡Quién soy!? -Exclamó, divertida, y riendo después entredientes.
Él sonrió. Su respuesta fue sencilla...
-La niña más bonita del mundo, ¿quizás?
Un ligero rubor cubrió las mejillas de la joven, mientras deslizaba sus brazos hasta la cintura de él, y le estrechaba con todas sus fuerzas.
-No me digas esas cosas, bobo...












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